Un avance de este trabajo en proceso se expuso en galería Espacio Valverde >>

Este trabajo es un diálogo con algunos de los artistas más destacados de los años 60 y 70, para, por contraste con aquel tiempo de fuerza vital y esperanza, abrir una reflexión sobre la actual dificultad para imaginar el futuro que queremos y afrontar el porvenir.

El futuro, que antes se imaginaba como un tiempo prometedor, ahora se ve como un escenario de distopía. Series populares como Black Mirror, El Cuento de la Criada, La Valla, Los 100, Colony… la lista es interminable, nos hacen temer y ver el futuro como una amenaza. En consecuencia, ante un futuro sombrío solo nos queda la esperanza de un eterno presente, perpetuando así el statu quo y anulando nuestra voluntad de conceptualizar un futuro mejor, y por consiguiente de avanzar como sociedad.

La década de finales de los 60 y principios de los 70, fue una época marcada por la experimentación continua, la ampliación de los límites y una energía desbordante que rompió barreras transformando la vida cotidiana. En la convicción de que lo mejor estaba por llegar, se imaginó un futuro mejor, un ideal de vida más libre, más justa y más bella. (Labrador, 2017).
Es una invitación a girar nuestra mirada hacia ese futuro concebido como posible, pero que nunca llegó a materializarse completamente. Lo que el pensador británico Mark Fisher define como Lost Futures (futuros perdidos).

Artistas destacados en aquel momento como Esther Ferrer, Isidoro Valcárcel Medina, Javier Mariscal, Ignacio Gómez de Liaño, Angels Ribé, Luis Gordillo, Antoni Muntadas, Fina Miralles, Fernando Arrabal, Antoni Miralda, Zush, Soledad Sevilla, Albert Boadella, Carmen Calvo, Marisa González… nos hacen sintonizar con las expectativas y esperanzas de un tiempo que vivieron en primera línea, con actitudes y prácticas que fueron el germen de una nueva sensibilidad que anticipaba aquel futuro imaginado.

Este proyecto, se vale así del pasado para invitarnos a reflexionar sobre nuestro presente. Establece un puente entre dos temporalidades, no como un revival vacío, sin referencia a la realidad actual, sino para recordarnos que es posible imaginar un futuro mejor porque hubo un tiempo en el que sí se hizo. En resumen, una memoria proyectada hacia el futuro.